140 caracteres por twitt; más que suficientes hoy para decir algo, para participar en algo, trascendente o intrascendente, no importa.
Decirlo a los cuatro vientos, millones, miles o cientos, no importa; importa que no es secreto, que está dicho y el que quiere oír, oye. Quiero que todos sepan que te quiero, o que te odio, o cualquier cosa intermedia.
También puedo decir nada, ser redundante y de ese modo (RT) también decir algo, indirectamente; estoy, participo, escucho, pertenezco (RT) pertenezco.
150 es el número máximo de individuos con el que se podría mantener una relación estable, según el antropólogo Robin Dunbar. Nadie tiene 150 amigos verdaderos pero es un límite superior de relacionamiento de grupo social, de comunidad, en un estado de equilibrio dinámico.
Pero, si competimos (vamos…) para ver cuantos más que varios 150 son nuestros seguidores o fans o contactos en las redes sociales… La idea no es invitarlos a casa, no hay lugar para 2x15, pero 150 es un poco poco para Twitter.
Es que en las redes de www la idea es estar, participar, compartir pero rara vez verse y mas raro juntarse todos; las relaciones no son “dunbarianas”, no son estables, no implican contacto físico y a veces ni aún visual. Es otra cosa, es algo distinto.
Pero ¿y el número de Dunbar? (¿y Candela?). Ese número es para otra cosa, Facebook es para otra cosa y Twitter es para otra distinta.
El pensamiento atrasa (dijo Alejandro Rozitchner, mirando su reloj pulsera), la aplicación de las tecnologías a actividades puramente humanas va mas rápido que la comprensión y la meditación sobre ellas y sus implicancias.
Y la realidad tiene la desagradable costumbre de no encajar en nuestros parámetros predefinidos.
Y 1500 son los caracteres escritos en esta notita hasta acá, que es 150, el número de Dunbar, por 10 y que no significa nada pero es una rara coincidencia que me da una escusa para terminar la notita esta.
150-140 + log (twitter)-e(f.acebook) = ?

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