Hace tiempo ya que la Señora está muerta. Algunos (muchos) piensan que se suicidó ante la inminencia de los hechos que la cercaban.
Y también hace unos años ya que la Corte se expidió sobre la extracción compulsiva de recuerdos.
Gran debate se dio en torno a si había derecho a forzar una confesión, a la capacidad de incorporar nuevas tecnologías al cuerpo de datos que abonan las firmes convicciones razonadas de los Jueces de la Nación. Al final, el derecho a conocer, las ganas de saber y, seamos justos, la curiosidad de los Jueces, que también son humanos, pudieron más que la retórica oscurantista.
De los primeros casos a los que se aplicó el método fue el de los hijos de la Señora (ella ya había “muerto”). Obviamente sólo unos peritos ansiosos de fama y ciegos de la psicología podían creer que obtendrían algo más que oníricas imágenes mezcladas, inconexas, incoherentes y, por lo tanto, irrelevantes para la causa.
Volvió el caso a dormir otro sueño de cajón de Tribunales.
El método de la extracción compulsiva de recuerdos, por otro lado, fue perfeccionándose y ya está instalado en el corpus de medios de prueba y pericias que son solicitados por querellantes y ofendidos y es autorizado por la mayoría de los Jueces de todas las instancias.
También fueron perfeccionados los métodos de dilación procesal y el método, aunque perfeccionado y casi universalmente aceptado, no se volvió a aplicar a los hijos de la Señora.
Es por esto que lo de estos días es un paso realmente sin precedentes. El método de extracción ha avanzado tanto o más que la tecnología; ha avanzado a la velocidad de la curiosidad, pero no una curiosidad científica sino una curiosidad humana, compulsiva, podría decirse, que hasta hizo que el costo de la pericia sea subsidiado por el Estado, en todos los casos.
Sus restos han sido exhumados y por primera vez se extraerán compulsivamente recuerdos a una persona fallecida. Dicen los peritos que, en base a lo ocurrido durante el perfeccionamiento del método y en otros casos sobre los que ya se ha aplicado, lo que parece un escollo insalvable se torna en la mayor ventaja.
El muerto está muerto. Bien muerto. Todo muerto. Su aparato psíquico también. Se han terminado los fuegos artificiales del inconciente y sus maliciosas jugarretas y los filtros, aunque han hecho sus estragos, están desconectados.
Se espera conocer, ahora de primera mano, la verdadera historia que durante décadas ha sido callada y acallada. Hoy se hará hablar a este especial cadáver. En el súmmum de la llamada ciencia forense, los muertos hablan y hoy esta muerta, según se espera, hablará aún sin haberlo querido en vida.


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