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martes, 25 de enero de 2011

“De la aversión a los ventiladores de techo” y otros versos.



Muchas personas dicen que se refrescan mejor con ventiladores de techo; particularmente prefiero el aire acondicionado pero sobre gustos…

Una suave brisa dentro de la habitación, dicen, es más natural que el antinatural acondicionador. Esto no se ha probado nunca con ningún experimento ni con datos estadísticos, siquiera. Y no vale eso de que “a la mañana amanecí resfriado” porque no hay virus o bacteria capaz de desarrollarse tan rápido e infestarnos (está bien escrito) para hacernos moquear en el lapso que va de las 23:00 a las 07:00 del otro día.

Así como el acondicionador tiene sus detractores y los ventiladores de techo sus fanáticos (están por todos lados) también estos altos ventiladores han despertado el odio y el temor en muchas personas.

No sólo en aquellos que, conociendo sólo un poco de física, dicen “si el aire caliente está arriba… ¿para qué bajarlo?”, sino en otros, más preocupados por su integridad física que por la temperatura del cuarto.

Hay quiénes tardan mucho en dormirse tratando de deshacerse de las imaginaciones que muestran al ventilador cayendo de una y mil maneras sobre la cama y cortando un brazo, una pierna, la cabeza o alguna otra zona más preciada y valiosa del angustiado insomne.

Ahora puede ser que se sume otro grupo a los que tienen cierta aversión por los ventiladores de techo. Desconfiados por su posición elevada sobre, a veces justamente la cama, han permanecido despiertos más de la cuenta y en ese estado, ya se sabe, se piensa cualquier cosa, muchas cosas, algunas irreales y otras que responden a una forma distinta de percibir sonidos y procesar ideas.

Pues bien, estas personas desconfiadas dicen que escuchando con atención el sonido de los ventiladores de techo pueden descifrarse palabras. Por favor no lo tomen a risa, esta gente lo piensa muy seriamente.

Alguien me decía hace un tiempo que, hospedado en un hotel de la costa argentina, el ventilador decía: “feo, feo, feo, feo…” y “dale, dale, dale, dale, dale…” y también “anda, anda, anda, anda…”.

La verdad es que esto quedaría ahí y sería una muy buena idea para un cuento corto en el que se tramara una relación entre las palabras dichas por los ventiladores, los idiomas utilizados por ellos y los mensajes que estarían tratando de comunicar con alguna extraña, graciosa o grotesca razón, pero…

Tuve la oportunidad de hospedarme en ese mismo hotel hace poco, está muy bien puesto, es lindo, limpio, bien decorado, colorido, hasta tiene piscina, pequeña pero tiene. Estuve en otra habitación, en otro piso, en otro momento, y se me dio por escuchar al ventilador de techo a la noche antes de dormir.

Decía: “mío, mío, mío, mío…” y no se a que se refería, pero pude comprobar que su dicción depende del voltaje, pues cuando ajustaba el control para que girara más rápido o más despacio, no era que hablara mas rápido o más lento, simplemente dejaba de hablar y sólo emitía sonidos mecánicos.

Creo que hay que investigar sobre el tema.

1 comentario:

Rex Ferali dijo...

Si se busca un patrón, lo mas probable es que se encuentre. Mas allá de eso, es algo bastante interesante, da para un cuento de terror...